11/04/2013
Por Berto González Montaner *
- bmontaner@clarin.com
TEATRO METROPOLITAN. El frente renovado y recuperado de la sala (Emanuel Fernández).
El porteñísimo Teatro Metropolitan recuperó, luego de 6 meses de
proyecto e intensas obras, su antiguo esplendor. Así le devolvió a la
mítica calle Corrientes –con aires renovados, lustradita y bien
iluminada– una de sus radiantes postales Art Decó.
Buenos
Aires es una de las grandes capitales mundiales del teatro. Con una
oferta de calidad, variada y extensa que abarca su prestigioso circuito
oficial, el circuito comercial con epicentro en la avenida Corrientes, y
un dinámico y estimulante circuito off diseminado por los barrios. Sin
embargo, para que esta industria cultural mantenga su vigencia, ha
tenido que ir adecuándose a las transformaciones que sufrió el mundo del
espectáculo: la llegada del cine a fines del siglo XIX, su
popularización en las primeras décadas del XX, la irrupción de la
televisión en los 50 y, en las últimas décadas, la atractiva oferta del
video, el cable y la web.
La arquitectura del espectáculo también tuvo que hacer sus esfuerzos. Como señala investigador Alejandro Ochoa Vega en el libro Cines de Buenos Aires. Patrimonio del siglo XX
(Ed. CEDODAL), algunas salas emblemáticas consiguieron salvar su
impronta, como el Gran Rex, el Opera, el Regio, el 25 de Mayo y el Grand
Splendid. Otras sufrieron severas transformaciones: el Normandie fue
dividido en cuatro salas, el Monumental en seis, el Metropolitan en dos
salas de teatro, el Premier en cuatro, el Suipacha en tres, el Ideal se
fraccionó en cuatro salas para cine pornográfico, y otros tantos se
reciclaron en templos evangélicos.
El Teatro
Metropolitan, proyectado por los ingenieros Germán y J. B. Joselevich,
E. Ramírez y Rafael Abril, fue inaugurado en 1937 como cine-teatro con
una capacidad impensable para estos días: 2.000 espectadores, repartidos
entre la platea y el pullman. Por su escenario pasaron desde
espectáculos de ballet, grandes éxitos cinematográficos hasta teatros de
revista.
El Metropolitan adscribió al Art Decó, un
estilo que celebra el uso de las técnicas modernas del vidrio, el hierro
y el hormigón, a la vez que hace uso de nuevos códigos decorativos con
formas geométricas, zigzagueantes y un repertorio simbólico asociado con
la máquina, la energía, el progreso técnico y la naturaleza
domesticada. En los años 30, la versión más comercial de este estilo se
implantó con fuerza en Hollywood, “capital” de la industria
cinematográfica y del espectáculo en general; en Miami, destino
romántico de diversión y descanso, muy de moda en los 30 y 40; y en
Nueva York, en rascacielos escalonados como el Rockefeller Center, el
Chrysler Building, o el Radio City Music Hall. Sin duda, de este caldo
de cultivo emergió el “petit-rascacielo” Metropolitan. A la vez que su
iconografía recuerda a Metrópolis (1927), la película de Fritz Lang, joya indiscutida del expresionismo alemán.
Pero
el Metropolitan también sufrió los cambios de modalidad en el mundo del
espectáculo. En 1980, sus primeros propietarios, la familia Lococo, lo
reformaron convirtiéndolo en dos salas de cine. Cuando lo compraron los
hermanos Spadone (1989), transforman la sala superior en teatro. En esta
última etapa, los empresarios teatrales Pablo Kompel y Carlos
Rottemberg le compran el teatro a la Sociedad General de Autores y
Editores de España y, con el apoyo del Programa de Recuperación de
Teatros del Citi, planifican su remodelación integral y puesta en valor.
La
idea fue devolverle al teatro el mítico esplendor de Hollywood. Que “ir
al teatro” no solo sea asistir a un espectáculo, sino toda una
experiencia, casi una fiesta. Más allá de la puesta a punto y
modernización de las salas y sus respectivos servicios, la mayor
intervención estuvo en las áreas públicas, donde la actividad social es
más intensa. La estrategia del Estudio RK Arquitectura, encargado de la
obra, fue antes que nada limpiar, redescubrir lo que las múltiples
intervenciones (las no estructurales) fueron ocultando, tratando de
respetar al máximo la esencia del edificio original. Y eligieron, como
actitud frente a los agregados necesarios, tratar de incorporar
elementos contemporáneos que lo doten de dinamismo y sentido actual.
Obrando
en consecuencia, reemplazaron la antigua marquesina que tapaba la
fachada por otros dos gigantes back-light que acompañan la torre
escalonada. Y reforzaron sus contornos y estrías con leds de última
generación que suplantaron a las históricas luces de neón.
También limpiaron sus interiores. En los foyers y salas VIP recuperaron los mármoles boticcino
, los combinaron con paneles de cuero negro. Y dieron toques de brillo
con barandas y artefactos de iluminación cromados, creando un ambiente
para disfrutar del encuentro social. En el foyer de planta alta,
despejaron un gran ventanal que servirá para ver el movimiento de la
avenida Corrientes, entrañable calle porteña por sus teatros, librerías,
cafés y pizzerías. Famosa porque dicen que nunca duerme.
* Editor general ARQ